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lunes, 12 de septiembre de 2022

La cena. De Herman Koch.

Perturbadora. Si tuviera que describir esta novela con una sola palabra, sería con ese adjetivo. Sin embargo, prefiero dar algunos detalles acerca de la historia.

Le tomé poca importancia a la referencia que la editorial incluye en la contraportada y decidí que la mejor forma de conocer el libro era leerlo de inmediato. Con curiosidad, empecé la lectura y me fue atrapando poco a poco. El relato aún no me emocionaba, pero me enganchó cuando vi a un inconforme expresándose. Fue Paul Lohman, su narrador y personaje al pronunciar esta descripción:

Lo que más llamaba la atención del plato de Claire era el vacío inconmensurable. Yo sé que en los restaurantes selectos siempre se prima la calidad sobre la cantidad, pero hay vacíos y vacíos. Allí el vacío, la parte del plato en que no había nada de comida, rozaba la paradoja.

El autor, Herman Koch, holandés, quien publicó su primer libro de cuentos en 1985, ignoraba que saltaría a la fama veinticuatro años después, en 2009, al publicar La cena que ya ha sido traducida a más de diez idiomas.

La trama está dividida justo como una elegante cena en un pomposo restaurante. Tenemos: El Aperitivo, Entrantes, Segundo, Postres, Digestivo y Propina.

En el desarrollo de la historia, se reúnen dos hermanos con sus respectivas esposas. Paul Lohman con Claire y Serge Lohman, junto a Babette. Entre cada etapa que esta elegante velada tendrá, ellos intercambiarán opiniones acerca de sus hijos adolescentes, quienes han cometido una “travesura”, pero cuyas intenciones se desconocen. ¿Sería un acto motivado por la ingenuidad o por la malicia?

Son ellos cuatro, como adultos y familia, quienes deben decidir acerca de la situación de sus hijos. Los hechos van saliendo a la luz entre platillos de esta cena, que quizás no deje una buena sensación en el paladar. Deben actuar, pero tienen un dilema moral entre ser padres benevolentes o ciudadanos responsables. El último capítulo lleva por nombre Propina, pero como el mismo libro lo dice:


¿Qué propina se deja en un restaurante donde la cuenta te da risa?

miércoles, 17 de junio de 2020

En la tristeza pervive el amor. Elisabeth Lukas.

Todas las familias dichosas se parecen entre sí, del mismo modo que todas las desgraciadas tienen rasgos peculiares comunes.
León Tolstoi (1828-1910)
La primera frase de Anna Karenina nos ilustra que existen dos elementos comunes a las familias: la dicha y la desgracia. Pero cuando llega un momento difícil, por ejemplo al perder a un ser querido, las reacciones son distintas.


No obstante, los seres queridos abarcan más que a la familia, existen personas allegadas por las que desarrollamos afecto: amigos, compañeros de estudio, deporte, etc. Ante su pérdida, sentimientos como dolor, impotencia, tristeza, angustia influyen en nuestra conducta. De una u otra forma, nos enfrentamos a una crisis.


El amor por los seres queridos permanece, sin embargo, debemos desligarnos de su existencia física. Es importante que aprendamos a manejar las emociones. A veces, estamos tan acostumbrados a compartir con alguien que olvidamos qué sucederá cuando ya no esté con nosotros. Lo recomendable, sería prepararnos antes de su ausencia para que podamos manejar el dolor en el momento indicado. Dicho de otra forma, no hace falta perder a alguien para leer acerca del duelo.

 Las personas que han sufrido una desgracia se niegan a veces a practicar el duelo. Página 51.

Elisabeth Lukas (n. 1942) psicóloga clínica y psicoterapeuta, fue seguidora de Viktor Frankl (1905-1997) el creador de la logoterapia. En este texto, nos presenta más que un ensayo, es algo íntimo, ella misma lo indica:
 
 Este libro es el fruto del duelo de una madre. En su duelo pervive el amor por su hija fallecida. Por ello, dedico este libro a todas las madres de luto del mundo.
 
A través de sus consejos podemos obtener una herramienta para sobrellevar la situación. Nos mostrará cómo el ser humano puede desarrollar nuevas fuerzas para enfrentarse a la vida a partir de las adversidades. Las luces y sombras de la existencia misma nutren la experiencia y alimentan la sabiduría para vivir con energía cada minuto. Abandonar el dolor no implica abandonar el amor al ser querido. Nuestra vida continúa, ahora sin esa compañía, es necesario que aprendamos a decir adiós desprendiéndonos del dolor.

En la tristeza pervive el amor porque:

Sólo quien ha visto
las oscuras nubes
puede mesurar
el azul del cielo.
Hermann Traub.

viernes, 5 de junio de 2020

Carta de una desconocida. Stefan Zweig.

Una carta supone un misterio. No sabemos que alberga en su interior, pues no expresa de inmediato su razón de ser. Su contenido se resguarda dentro del papel que fue escrita y se hace proteger con un sobre. Viaja insospechadas distancias o quizás su destino sea cercano, de cualquier forma el mensaje llega contundente como una flecha.

En este relato, el destinatario es un escritor y está familiarizado con la correspondencia. El día de su cumpleaños número cuarenta y uno, ha recibido una carta que más bien parece el manuscrito de un libro. En el exterior del sobre no hay datos del remitente, husmea dentro en busca de alguna nota aclaratoria y tampoco la hay. Su curiosidad se incrementa y llega a su punto más alto cuando observa que está escrita de forma apresurada y el estilo refleja el propio de una mujer.

Un personaje de mundo y sociedad, como él, se sorprende al comprobar que se trataba de una carta anónima. La duda lo invade, pero no está decidido a leer líneas que quizás no sean para él. Aún así, existía una sola forma de averiguar el origen del manuscrito: había que leerlo. La apatía y el desgano se disiparon al ver la primera línea: “A ti, que nunca me has conocido.” Su nombre no figuraba como destinatario, existía la duda si realmente iba dirigida a él o a un ser imaginario. Pronto se enteraría del objetivo de la carta, al descubrir el significado de estas palabras:


Voy a contarte mi vida entera, esta vida mía que no empieza, realmente, hasta el día en que te vi por primera vez.

En la carta se muestra a una mujer y sus sentimientos. Las normas de de refinamiento tan solo han contribuido a que ella permanezca en el anonimato. Su nombre no importaba, sólo hacerle saber su mensaje identificándose como lo que fue para él: una desconocida.


Carta de una desconocida desde su publicación, en 1922, ha registrado adaptaciones cinematográficas en Europa, América y Asia. Es uno de los textos más famosos de Stefan Zweig (Viena, 1881 - Petrópolis, 1942), este autor profundiza en el perfil psicológico de los personajes, tanto en los ensayos históricos como en su producción literaria.















miércoles, 20 de mayo de 2020

Días sin fumar. De Vicente Verdú.


Un cigarrillo supone algo más que un hábito humeante, a veces resulta un compañero. A lo largo de la Historia, actores, pintores, políticos, filósofos, científicos y otros profesionales famosos han sido fotografiados con pipa, puro o cigarrillo. Incluso, en algunas series de dibujos animados infantiles, también fue usual ver escenas con algunos protagonistas fumando. El humo del tabaco casi no sorprende a nadie.

Los días junto al tabaco son, de cierta forma, una aventura. Pero, ¿qué le sucede a alguien cuando decide dejar de fumar? En este libro, publicado por la editorial Anagrama, Vicente Verdú (1942-2018) un sociólogo, escritor, y periodista, nos cuenta sus días sin fumar durante un trimestre.

Día a día, la decisión ante el tabaco va generando una serie de reacciones. En lo personal, las sensaciones corporales se hacen presentes, el cuerpo le avisa que hay algo ausente. Este elemento ausente, no forma parte de la alimentación, pero su carencia ha influido en su forma de comer. Existen cambios en su peso. Las vías respiratorias se muestran agradecidas, pero el sistema nervioso es como un péndulo ante su nueva forma de vida.

En su lugar de trabajo y en los alrededores, ahora empieza a percibir actitudes ya existentes, pero a las que antes no les había prestado atención. Cuando alguien se siente incómodo ante un comentario o al expresar algunas de sus ideas, toma un cigarrillo como si fuera su defensa ante esa situación. Hay una pequeña pausa en la jornada laboral, es un buen momento para que todos salgan a fumar, pero ahora que ya no fuma ¿qué hará en ese receso? Entre dos personas, uno que fuma y el que dejó de hacerlo surgen controversias tan intensas como una diferencia ideológica.

Vicente Verdú nos relata cómo el tabaco está en la vida del fumador de tal manera que marca el tiempo en su jornada. Puede ser en la hora del desayuno, del almuerzo, de la cena, antes de dormir o, ¿por qué no? en todos esos momentos. Cada instante del día se delimita con tabaco.

Para una persona que se ha mantenido alejada del tabaco, este libro es una invitación a conocer ese mundo sin encender un sólo cigarrillo. En estas páginas leerá detalles insospechados.
El fumador no lo es meramente porque consuma veinte o treinta cigarrillos diarios sino porque vive en una biológica unión con el tabaco.”
Página 90.







Imagen tomada de la página web de la editorial.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Darse a la lectura de Ángel Gavilondo


La lectura es una actividad que amerita tiempo. C. S. Lewis hace la división de lectores entre la mayoría y la minoría. Siendo los primeros quienes leen en las salas de espera y momentos similares, mientras que los otros son más entregados a la tarea. El autor de esta obra, Ángel Gavilondo se dedica a impartir la cátedra de Metafísica en la Universidad Autónoma de España. Por su parte, él considera que la lectura debe realizarse cada vez que sea posible, pues si esperamos a tener un espacio libre, sería no dedicarse a ella. Desde ese punto de vista, dicha actividad tomada en serio demanda un espacio privilegiado en la agenda.

Cada uno de los capítulos que integran este libro son las descripciones de escenas y momentos que los lectores, consagrados o no, han experimentado al tomar en sus manos un libro sea cual sea el tema y extensión del mismo. Gavilondo considera a la lectura como vida, para él siempre se lee en un tiempo de existencia.

Podemos leer para hacernos compañía, para meditar, para estar solos o, incluso para compartir con alguien. Existen muchas razones para leer y también muchas otras para no hacerlo. Quizás una de las mejores razones sería leer por placer. Puede que nuestra agenda este un poco o muy ajustada, no sabemos si nos dará tiempo de leer, pero el autor tiene un mensaje para todas las personas ocupadas:


Siempre nos falta tiempo, si entendemos inapropiadamente que la vida es un depósito que hemos de completar con actividades. Siempre las hay e importantes y siempre tendremos explicaciones para demorar un modo singular de enfrentarnos a la labro que la acción reclama. Precisamente, dado que hay mucho que hacer, no dejemos de leer.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Confesión de León Tolstoi

Lev Tolstói (1828-1910)
Esta no es una invitación para acudir a la parroquia más cercana a realizar ese acto religioso. Quizás algunos se hayan encontrado con lecturas que les revolvieron las ideas y fueron a confesarse para liberar esa carga. Si ellos se hayan liberado o no será un tema del que no se dirá nada a continuación.
Pero si el que revela sus confidencias es León Tolstói a través de un ensayo, el asunto se vuelve interesante. Su labor intelectual le hizo reflexionar acerca de la existencia, lo cual no le fue tarea fácil, pues uno de los capítulos inicia así:
En mi búsqueda de respuestas a la cuestión de la vida, experimentaba exactamente el mismo sentimiento que el hombre que se ha perdido en un bosque.
Confesión nos mostrará la sabiduría adquirida en cada una de las etapas de la vida del autor. La brevedad del texto es comparable al café fuerte. Sus párrafos son como espressos dobles. Se leen rápido, pero su efecto es poderoso y altera las neuronas.
Nacido en 1828, recibió formación académica en la Universidad de Kazán y también integró filas militares. León heredó de su padre, el conde Tolstói, la finca rural Yásnaia Poliana por lo cual pasó a administrarla. Se mostró benigno con sus obreros y les facilitó la educación. Fue un aristócrata, así que tuvo contacto con distintas esferas de la sociedad, a las que trató de integrarse sin éxito alguno debido a su pensamiento crítico.
A pesar de ser un escritor de profesión,  pone en duda incluso esta actividad porque ¿será que ser escritor convierte a alguien en poseedor de la verdad absoluta?
Las pasiones de su juventud, sus viajes, sus ansias de suicidio, los valores, la fe, las prácticas religiosas, el trabajo, la enfermedad, el sufrimiento, el engaño y otros temas controversiales de la vida son presentados aquí. Las líneas que integran el libro tienen un peso tal que, resulta difícil creer que tanto pensamiento pueda contenerse en sus páginas.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Palabras desde el limbo


Hola. Te vi reír, te vi manifestar tus expresiones de ira, te vi cuando en tu ser no había más que decepción, pero esta vez te vi llorar. Tus lágrimas simplemente brotaron, pero la causa quizás ni tú la conoces. Esa lágrima ácida pudiera representar un sentimiento más bien amargo, los deseos frustrados de tu existencia o puede ser el goteo de una auténtica tristeza Eso, talvez ni tú lo sabes, pero lo cierto es que hubo muchas lágrimas esta vez.

En este espacio tan cerrado, que no tiene oxígeno, mi percepción del entorno puede no ser tan fiel a la real, pero eso no importa mucho ahora. No me verán ustedes, no me verán los humanos, al menos no en los últimos años, pues estoy en un lugar muy lujoso que escogieron para mi estancia, sin preguntarme, como si fuera yo un objeto que almacenan en una bodega o en un terreno baldío.

Un día, vino esa persona elegantemente vestida a decirte que era lo mejor para mí, que sería un bonito recuerdo, que sería el último regalo que pudieras darme y que es lo mejor para los seres queridos. Y tú le creíste, no supiste ver que esa persona sólo quería llegar a a la cuota de ventas que la empresa le asignaba; eso no lo viste, te dejaste llevar por sus palabras endulzantes. Su experiencia en ventas hizo que te envolviera en su juego y accediste a otorgar la suma que pedía por este espacio que, para ti puede ser o pudo haberse visto lindo y especial cuando lo adquiriste, pero para mí no es más que un espacio cerrado mal oliente y, al decir verdad, lo hubiera sido en cualquier espacio que tú hubieras elegido para mí, porque ahora, al igual que hace muchos años, no podía tomar este tipo de decisiones sin la ayuda de alguien más.

Mi existencia, lejos de ser una grata compañía, se empezó a transformar en una carga. Sí, en eso me convertí en los últimos años de mi existencia, en una carga. Quizás tú no lo viste, pero así es como yo lo sentí y así es como se manifiesta ahora. Se comprueba a través de los comentarios de los visitantes, que no tienen censura alguna, cuando expresan sus comentarios lejos del grupo de familiares reunidos.

Sólo tú sabes porqué lloras tanto, ni yo lo sé. Ahora imagino que cuando ya lleve en este sitio durante varios años, vendrás cada primer día del cuarto trimestre del año a lamentarte de mil cosas y a quejarte como si yo pudiera brindarte mi ayuda. Desarrollarás monólogos propios de un actor profesional, mientras lanzas tus preguntas que no obtendrán respuesta alguna. Dejarás a mi alrededor muchas o pocas flores que perdurarán los días que el clima y el sentimiento que tú les hayas puesto lo permitan. O talvez sólo duren el tiempo que tarden los niños traviesos o los perversos revendedores en retirarlos del lugar y, con esto, haciendo que el trabajo y esfuerzo que realizaste o realizaron quede inútil y sea como si nunca hubieran decorado.

Ahora que te veo deslizar tus dedos suavemente por los pétalos de toda esa gama de flores, que ahora usas para rodearme, pienso en que pudieras haberte entregado con esa pasión a compartir tu tiempo conmigo, en lugar de buscar excusas  para evitarme. Tú llanto ahora sigue, continúa, como si buscara alcanzar una meta o romper un récord, pues a tu alrededor hay gente que está en la misma situación y ellos interrumpen su privada ceremonia para verte y compadecerse de ti. Ya no llores, ya no grites, ya no trates de darle estética a este sitio tan frío, lo que pudiste hacer conmigo no lo hiciste, en vano será tu llanto amargo y tus flores hermosas, nuestra oportunidad de compartir juntos ya pasó. Ahora sólo somos como dos átomos que están en mundos distintos, dos líneas paralelas buscando reunirse y que no llegarán a juntarse nunca, pues pertenecen a mundos distintos. Reprime tus lágrimas o déjalas fluir, esa es tu decisión, pero por mi parte sólo puedo decirte que yo ya no puedo sentir nada, porque la vida ha dejado mi cuerpo y, si tú sigues lamentándote por lo que no pudo ser, dejarás la que la tuya sólo esté en tu cuerpo como un elemento más y no la disfrutarás. Siente la vida que tienes en cada célula del cuerpo, porque yo ya no la tengo conmigo, ya no tengo nada.

Sólo puedo tener un minúsculo hálito de existencia cuando me recuerdas, cuando tu ánimo está tan decaído y tus signos vitales tan débiles que no logra decir al mundo a través de esas pantallas que aún vives. Si sólo así puedo perdurar en el tiempo, ha llegado el momento en que decidas si deseas permanecer en este estado o quieres ya despertar, porque ahora los llantos que escucho no son por mí, son por ti, son por ti ante la incertidumbre de tu existencia, estamos en una sala de hospital y no en un campo abierto.
¿Despertarás o sólo seguirás recordándome, mientras tus párpados tiemblan como si tu vista estuviera cansada de tanto leer?

jueves, 27 de febrero de 2014

El tipo

El tipo de letra de un texto acaba por dar particularidad al mismo. Esa característica es sensible para el lector y puede acercarlo o alejarlo de la lectura.

Entre la monotonía de un edificio empresarial, existía un tipo un tanto fuera de lo común. Era un oficinista gris, pero minucioso en todas sus tareas. Él disfrutaba de seleccionar el tipo de letra, según el texto que fuera a redactar. Muchos datos que debían expresarse sólo en letras llegaban a sus manos. Los trabajos versaban sobre distintos temas y elaborar los informes finales estaba a su cargo. Una de esas tardes en las que este personaje tenía asignados no pocos archivos para revisar, se puso a divagar acerca del estilo de letra a usarse en cada uno de ellos.

Dentro de su cabeza giraban distintas formas predeterminadas en la computadora, desde la institucional y seria hasta la más lúdica. Decidió escribir a mano para dejar de un lado esos pensamientos que parecían un poco absurdos. No escribió mayor cosa, puesto que su caligrafía si bien era legible, no era bonita.
 Antes de regresar frente a la pantalla, sus divagaciones continuaron y se dio cuenta de que los tipos son comparables a las disciplinas científicas. Obviamente, esta comparación era consecuencia de su pasión por las letras en sí mismas. Sin embargo, él pensaba en todas esas veces que usó el formato casi cibernético para escribir acerca de temas informáticos. Vinieron a su mente, las primeras experiencias con los tipos, eso le hizo remontarse muchos años atrás, cuando en clase pidieron que usara la fuente Arial Narrow Turco.

Al traer a su mente esos recuerdos, notó que muchas veces, resulta interesante la simpleza, así que mejor se decidió por escribir en Arial.

viernes, 24 de enero de 2014

La herencia de Eszter de Sandor Marai


"No todo acaba con la muerte, aún falta el pleito por la herencia." Ambrose Bierce
La verdad es que me fue imposible no pensar en esa frase cuando vi el título de la obra; lo cual me motivó en cierta forma a leerla. Obviamente, si hay una herencia también habrá muertos de por medio. También recordé las peleas familiares que ocurren en torno a los bienes adquiridos por una muerte. Pensé en muchos temas y entre esos recuerdos me vino a la mente una conversación.

Hace algunos años, platicaba con una ávida lectora y ella me dijo que uno lee un libro en el momento preciso. Casualmente, en esos años, yo tuve una fractura y una de las personajes de mi lectura en curso también sufría algo en los huesos. En ese momento le creí acerca del momento preciso para un libro, con la convicción de que era un caso fortuito, una coincidencia del destino.

Ahora, unos años después me encuentro con otra lectura que se parece a un suceso de mi vida: la mentira. Lajos, uno de los personajes de la obra, es un mentiroso empedernido, un sujeto al que parece no importarle cómo ni porqué miente. Él únicamente busca obtener su beneficio. A lo largo de mi vida he conocido distintos tipos de mentirosos, pero no me esperaba encontrar a ninguno en las páginas de un libro del célebre húngaro Sandor Marai. Lo particular de esta narración son más bien los pensamientos de los personajes. Entre descripciones y amenos diálogos, el curso de la historia narrada sigue un ritmo acelerado no por la rapidez de las acciones, sino por la forma en que nos vemos atrapados por la trama.

Eszter vive ahora sólo junto a Nunu, una mujer mayor que sin ser pariente ha logrado ganarse su propio espacio físico y emocional en la casa. Ellas dos, al igual que otros miembros de la familia de la mujer que le da nombre a esta historia, se enteran de la visita que hará Lajos a la casa después de más de una década de ausencia. 

En ese tiempo han ocurrido varios sucesos, él llega acompañado de gente desconocida para todos y eso genera un ambiente un tanto confuso. Nunu, quien es buena observadora, sabe que él ha tomado como suyos algunos de los bienes familiares. Advierte con sutileza a los demás que corren el riesgo de ser víctimas de sus engaños nuevamente. El grupo de gente que lo acompaña genera un misterio que se irá desvaneciendo y revelará sus interioridades. Inevitablemente, Eszter y Lajos inician una conversación que pone a flor de piel toda una serie de sentimientos del pasado y hace que el presente parezca más intenso de lo esperado. Ella le recrimina sus más grandes mentiras, incluso llega a decirle que su falsedad es tan grande que logra mentir con hechos. 

Ante esta actitud, uno recuerda la frase de Rabelais Soy de la opinión que no estaban equivocados los persas quienes consideraban que el segundo vicio es mentir; el primero es tener deudas. Porque deudas y mentiras van de ordinario juntas y reunidas. La desconfianza de ella hacia él causa intriga en la trama. Línea a línea nos veremos atrapados por el particular estilo de con el que Marai sabe mostrarnos pensamientos y sentimientos de sus protagonistas, una novela que no se deja soltar hasta llegarla a su fin.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Castigos

Como buen abogado penalista que era se caracterizaba por ser desconfiado y, hasta cierto punto, paranoico. Realmente contó con mucha suerte, pues logró permanecer con vida durante sus diez años de especializarse en esa rama. Su desconfianza, en ciertos aspectos fue prudente, pues no tenía familia, ni amigos, aunque se llevaba bien con todos sus colegas. No llegó a entablar ninguna relación amorosa. Tenía miedo a que sus allegados fueran el objeto de las posibles represalias por parte de quienes recibieron el peso de la justicia a causa suya. Dada su actitud, tampoco  tuvo una familia propia, no quiso poner en riesgo a sus hijos, por eso no existió ninguno.

Las líneas anteriores son una transcripción de la última página del diario que guardaba en su oficina. Así es, este respetable litigante resultó ser una persona realmente introvertida. No se encontró ninguna nota que anunciara la decisión de quitarse la vida. Su oficina era la última en cerrar en ese centro empresarial donde estaba ubicada. El personal del edificio lo conocía sólo de vista, se le veía llegar y salir a distintas horas del recinto, pero cuando se encontraba allí, solía hacerlo hasta entrada la noche.

Quizás necesitaba de la soledad para armar sus estrategias de litigio, pues no contaba con asistentes. En ese rincón lleno de videos de audiencia, libros de criminología y criminalística   era donde él planeaba, en solitario, cómo ganar cada uno de los casos. Sí, este abogado penalista permanecía sin compañía la mayor parte del tiempo y esta noche no fue la excepción. Cuando ingresó el personal correspondiente para examinar la oficina, no encontraron rastro de que otra persona hubiera permanecido en el lugar. Sólo estaba su diario abierto en esa página sobre el escritorio, él sentado en su silla y a un costado la mancha de sangre que abarcaba buena parte de la alfombra. Nadie escuchó la detonación. Tuvo el cuidado de usar el prohibido silenciador para guardar el secreto. La minuciosa investigación reveló que, en efecto, él mismo se había disparado en la boca. Sus días de lucidez acabaron, instantes después su existencia también.

jueves, 8 de agosto de 2013

La impaciencia del corazón de Stefan Zweig

La impaciencia del corazón y La piedad peligrosa no son términos tan distantes entre sí. Esta novela de posguerra se ha conocido con esos dos nombres y se ajustan bien a su trama.  Me detuve un instante en el título y pensé: ¿por qué la piedad es peligrosa? La piedad,  un sentimiento noble,  surge al ver sufrimiento ajeno, pero podría tornarse en peligrosa si anteponemos las necesidades de otros, frente  a las nuestras.

La otra traducción, a mi juicio, también se adecua al contenido de la obra y aún fuera de ella, pues algunas veces existe impaciencia en relación a los sentimientos. Se sabe que los sentimientos se albergan en el cerebro, pero metafóricamente se habla del corazón al referirse a los mismos. Me pareció necesario comentar acerca del nombre de la obra, pues se la misma ha sido publicada y conocida con ambas denominaciones. La versión a comentar, en este caso, es La impaciencia del corazón.

Ya entrando en materia, puedo agregar que, ésta comparte con muchas novelas de posguerra la característica de ser poco esperanzadora respecto a la vida. Aquí se representa el caso del teniente Anton Hofmiller quien se siente atraído hacia Ilona, una hermosa joven de clase acomodada. Debido a la proximidad de uno de sus compañeros de cuartel con la familia de la chica, él recibe una invitación para cenar en su casa, la mansión Kekesfalva. Su corazón rebosa de felicidad al estar en dicha reunión, pues comen hasta la saciedad, beben vino conversan alegremente y, después,  bailan. Nuestro personaje se desliza como un perfecto bailarín con varias de las damas presentes en el banquete, pero de pronto alcanza a ver a Edith, hija del dueño de la casa, sentada junto a dos ancianas y le parece un gesto descortés no hacer la invitación a bailar, por lo cual hace la petición. Grande fue su sorpresa, al recibir tan sólo un gesto poco amable de parte de ella, el cual se transformaría en llanto amargo, sin dirigir una sola palabra al teniente. Se entera de la causa de esa reacción por boca de Ilona quien le informa que su prima, Edith, está discapacitada a causa de un inusual padecimiento.

Así empieza una serie de visitas de Hofmiller a la mencionada mansión, en las cuales va conociendo las interioridades de la familia. Si bien, al principio, sus visitas tenían como único motivo remediar su imprudencia, él llegó a acostumbrarse a esa casa y todos sus habitantes a su presencia en ella. A raíz de su cercanía con Edith, ella se enamora perdidamente. Cuando él  se entera de esto, por piedad, finge aceptar su amor e incluso llega a comprometerse sentimentalmente con ella, pero de forma un tanto secreta. Entre los anhelos de la jovencita por recuperarse de su enfermedad y la constante presencia de Hofmiller en su casa, estalla la guerra. Para el teniente, dicho acontecimiento se convierte en la forma más digna de escapar de tan penosa situación, pero a su regreso se encontró con que ella llevada por la impaciencia de su corazón, no quiso esperar ni una hora ni un día más. Fue entonces cuando comprendió que no le servía de mucho ser ahora un héroe de guerra, pues huir de un problema no es la mejor forma de solucionarlo.

jueves, 18 de julio de 2013

El baile de Irène Némirovsky

En algún lugar leí que, al nuevo rico se reconoce fácilmente por su tendencia a gastar el dinero en ostentosos objetos personales y en el vestuario. Al parecer esto se cumple en Alfred y Rosine Kampf, los padres de Antoinette, quienes ahora tienen una lujosa casa, bellamente adornada. Antes vivían en barrio pobre, pero nadie debe saberlo. La señora, por su parte, disfruta de exhibir sus costosas joyas casi todo el tiempo. El esposo es un tanto más sobrio, solo se esmera en mantener buenas relaciones con la gente poderosa. Actúan así, pues después de todo no son más que eso: nuevos ricos. Sin embargo, dada su reciente incorporación a ese mundo, todavía no son tomados como parte de la élite económica de su ciudad. Rosine, descarga su frustración contra su única hija cada vez que tiene oportunidad. La presiona para que adquiera buenos modales y refinamiento para brindar la mejor imagen ante la sociedad.
Resulta tan grande el deseo de la señora Kampf por adquirir el reconocimiento en la sociedad que la pareja decide elaborar un suntuoso baile. Las invitaciones son muchas, su lista asciende a doscientas personas. La decisión fue de la pareja en conjunto, pero la euforia la vive la señora de la casa. Sin embargo, ella no toma en cuenta que su hija, al atravesar por la adolescencia y leer esas hermosas historias de amor en los libros, anhela estar en un baile como ese.
Dada su hermosa caligrafía, la madre decide que Antoinette elabore las tarjetas de invitación. Que emocionante resulta al principio participar de cierta forma en la organización de la tertulia en su casa. Pero su entusiasmo se borra de repente cuando le informan sus padres, de forma poco amable, que ella no podrá estar en tan magno evento.
Ellos no entienden que su hija está en la adolescencia, que se ha imaginado a sí misma bailando con un apuesto joven, que ella quiere vivir la música moviendo su cuerpo con delicados pasos de los brazos de un hombre que la haga sentir como volando. Nadie se da cuenta que ella, la niña, también quiere vivir. No lo notan, en cambio, solo recibe reproches por su forma de hablar, de sentarse, de comer, quieren que ella sea una refinada jovencita casi de la noche a la mañana. Negar sus raíces, eso hay que hacer. Su padre tuvo algunos empleos de bajo rango y ellos tres vivieron en un pequeño apartamento, pero nadie tenía que enterarse de eso. Su madre le dio instrucciones para inventar un falso pasado, además tenía a una dama inglesa para darle la mejor educación y refinamiento a su dulce niña.
Una niña, sí, eso era ella para todos, solo una niña que debía estar durmiendo mientras todos estuvieran disfrutando de la fiesta. No podía soportarlo, algo tenía que hacer. Su indignación la lleva a cometer un acto que da un giro a la historia. Si tan solo alguien hubiera pensado en sus sentimientos, su pasión por ser conocida por todos como una hermosa joven ataviada con un flamante vestido y siendo conducida por el amplio salón deslizándose con perfectos pasos de baile, todo hubiera sido distinto.

domingo, 14 de julio de 2013

La sociedad de la decepción


Imagen tomada de la página web de la editorial.
Considero que, algunas o quizá varias veces, en nuestra mente se entrelazan las lecturas. Me encuentro leyendo, por instantes, La sociedad de la decepción de Gilles Lipovetsky, ahora resulta que de nuevo me encuentro con la sensación de estar pensando como el expositor de las ideas. Esto no me sucedía desde la inmersión en las páginas de La embriaguez de la metamorfosis de Stefan Zweig, cuando sentí mía la voz de uno de los personajes decepcionado de la vida.

El tedio por la vida suele presentarse ante nosotros en más de algún momento de nuestra existencia, no obstante, puede permanecer en nuestra conciencia, latente, hiriente; incluso podría llevar al suicidio. Obviamente, esto último no ha sucedido en mi caso, pues percibo la putrefacción de la sociedad y las decepciones como un espectador. Sin embargo, observar con detenimiento los fenómenos sociales contemporáneos y estar consciente de los mismos, no es simplemente una actitud pesimista ante la vida; se trata de dar una mirada analítica para comprender la razón de ser de los mismos. Al conocer y comprender la causas de distintos aspectos, se logra ser más tolerante. El mismo Lipovetsky reconoce que él no escribe libros de Filosofía pura, tan sólo es un observador tratando de explicar los acontecimientos sociales.

El personaje de Zweig expresa los sinsabores de su vida debido a frustraciones laborales y académicas. Ahora, en las palabras de Lipovetsky se manifiesta de nuevo ese sentimiento, pero fundamentada con estudios analíticos de la sociedad contemporánea. Tendré que esperar a terminar la lectura para emitir un comentario más serio acerca de la obra.

“El camino más breve para concluir un libro es comenzarlo.” - Enrique Jardiel Poncela

(Ya tomé ese camino.)

sábado, 22 de junio de 2013

El ignorante


Su ignorancia lo hacía feliz, obviamente, sin darse cuenta de ello. No se percataba de la cercanía del final de su existencia. Padecía una enfermedad congénita que provocaría su muerte en tan sólo unos meses. Al menos ese era el pronóstico para otro individuo con el mismo grado de deterioro en su organismo, debido a la misma afección. El ignorante vivió más que el enterado.

Esta vez, su ignorancia además de hacerlo feliz, le salvó la vida, pues para cuando fue informado de su situación clínica existían ya varios tratamientos de bajo costo y muy efectivos para erradicar su mal. Cuando supo del otro paciente y el diagnóstico expuesto, se alegró del desconocimiento, pues éste lo salvó sin representarle ningún esfuerzo. Desde entonces, prefiere también ignorar lo que sucede en su país, talvez así se viva mejor, pensó él. La sociedad en la que vivía cada vez estaba peor, entonces decidió seguir siendo más ignorante y, ahora también, indiferente. Su actitud lo hizo el más longevo de su región, superó la esperanza de vida y, finalmente, murió de forma natural a sus noventa años de edad.

viernes, 14 de junio de 2013

El ocio y la pereza. En defensa de los ociosos. De Robert Louis Stevenson.

Entiendo que ocio y pereza son diferentes, pues en mi tiempo de ocio leo algún libro o contemplo mi entorno con suma tranquilidad. Mientras que cuando tengo pereza solo cambio de posición de acostado a sentado en el mueble en que me encuentre.

Una tarde poco ocupada decidí revisar un librito de Robert Louis Stevenson titulado En defensa de los ociosos. En ese momento,  tenía una extraña mezcla de ocio y pereza o talvez sólo estaba cansado y quería una lectura suave. Esta pequeña obra de Stevenson no es precisamente de lo más famoso dentro de sus escritos y su corta extensión, casi le hace honor al tema.

Aunque ambas palabras suelen ser tomadas por iguales, difieren en cuanto a sus raíces. Al revisar su etimología, puede verse que “ocio” proviene del latín otium, reposo. Por otro lado, pereza proviene de pîgrîtîa, que a su vez deriva de pigro, perezoso. A pesar de ello, se interpretan de la misma forma la mayoría de las veces. Tanto así que existen varias traducciones del mismo ensayo, en las cuales a veces se alude a la pereza y otras al ocio.

Empecé a leer. Hubo una frase por la que me sentí acusado.

Los libros son, a su manera, beneficiosos, pero no dejan de ser un pálido sustituto de la vida. 

Fue entonces cuando recordé que la cultura general no se adquiere tan sólo sumergiéndonos en los libros uno tras otro. Sirve de poco acumular conocimiento si no disponemos de un tiempo libre para poder apreciar la vida y saber acerca de qué se ha escrito. Estar plácidamente sentado, a la sombra de un árbol, escuchando cómo circula el agua de un río viendo el vuelo de las aves puede otorgarnos un momento agradable y relajante que talvez pocos libros logren darlo.

Después de asimilar eso me encontré con otras líneas que reafirmaban el arte de vivir a través de un bien merecido descanso. Estar extremadamente ocupado, ya sea en la escuela o en la universidad, ya en la iglesia o el mercado, es un síntoma de deficiencia de vitalidad; una facilidad para mantenerse ocioso implica un variado apetito y un fuerte sentido de identidad personal.

Porque, si lo vemos de esa forma ¿qué es vivir?, ¿trabajar diez horas por día?, ¿estudiar quince horas diarias? Seguramente no.

Vivir es apreciar esos detalles que se perciben con todos los sentidos, pero que no dependen de una sistematización a través de una institución, sino buscando la forma de ver en los otros aspectos de nuestra existencia una satisfacción personal. Lo cual me hace recordar a algunos personajes de Stefan Zweig en La embriaguez de la metamorfosis, quienes asistían a labores todos los días mal dormidos, mal comidos y regresaban a casa con plomo en los ojos y con plomo en los pies. Tan solo con trabajar arduamente ellos creían haber vivido.

Según algunos puntos de vista, solo es útil a la sociedad quien está todo el tiempo ocupado en algo que produzca, ya sea dinero o méritos académicos.  Visto así, no se percibe que quienes trabajan o estudian, pero también se otorgan sus buenos momentos de ocio, pueden enfrentarse a la vida igual o mejor que quienes actúan como ratones de biblioteca o trabajan como hormigas.

No se trata de que el ocio sea malo, talvez simplemente ha sido mal interpretado, así como también ha sido tomada la lectura y las actividades laborales como fuentes de virtud. No es suficiente trabajar o estudiar para disfrutar la vida, también es necesario tener un plácido momento de ocio cada vez que sea posible.

miércoles, 5 de junio de 2013

"Mendel, el de los libros" Una vida en el mundo del libro.

Imagen tomada de la página web de la editorial.
Mendel, el de los libros es un título poco discreto en relación al tema; me parecía la historia de un librero y fue justo eso.
La afición a la lectura, el fugaz intercambio de conocimientos con personas extrañas y algunas otras situaciones se me hicieron familiares; por lo cual adentrarme en sus páginas fue placentero. Me identifiqué con el personaje. La Literatura suele ser un medio para revelar una diversidad de datos y, esta vez, fue usada para representar las injusticias de la vida durante la Segunda Guerra Mundial, en un breve relato.


El protagonista, Mendel,  representa, para los eruditos y estudiosos de la cultura en general un punto de referencia casi obligatorio, pues conoce de memoria, cientos de títulos y características de libros de distintos temas. Mas su ensimismamiento en el mundo del libro sería el factor que lo aislaría de la realidad; pues se mantuvo ignorante de los acontecimientos políticos y bélicos desarrollados en su entorno. Dado su largo alcance en su oficio, mantiene correspondencia con países cercanos al suyo, pero estos resultan ser «enemigos» de su país de residencia.

Se cumple aquí una vez más el aforismo popular «El león juzga por su condición», pues cuando las fuerzas castrenses, a través de sus múltiples pesquisas, interceptan algunas de sus cartas, las cuales incluyen reclamos por mercadería no recibida, las mismas son interpretadas como actos de espionaje. Esto trae como consecuencia su arresto y posterior confinamiento en uno de los campos de concentración. No obstante, debido a sus influencias en las altas esferas de la sociedad es liberado. Sin embargo, la permanencia en ese lugar cobró factura de distintas formas: el café, su antiguo lugar de trabajo, ha cambiado de administración y ahora el erudito, el catálogo humano, resulta ser incompatible con el nuevo concepto. Sufre el destierro de su mundo de tinta y papel, posteriormente enferma, ya en su última semana de vida, se asoma casi sonámbulo al café, pero es llevado de vuelta a casa para permanecer confinado y, finalmente, morir en el más oscuro de los olvidos.

sábado, 25 de mayo de 2013

La muerte olvidada del "Santo Bebedor", Joseph Roth.

Sin querer, un año después me topo con un artículo que escribí acerca de la muerte de Joseph Roth, pero esta vez será para inaugurar mi blog. El hallazgo me evitó la tarea de preparar una bienvenida, pues coincide con el aniversario del fallecimiento del escritor este 27 de mayo.

Este novelista algunas veces se quejaba de su editor por distintos asuntos; en mi caso no tengo editor de quien quejarme, pero hoy me he enterado que fui publicado en una revista local.

Bueno, mejor dejo que el tan mencionado artículo sea el que abra la brecha y forje un sendero para que circulen otros textos. 

“Cuando vi por primera vez a Joseph Roth en Ostende, tuve la sensación de estar ante un ser que moriría en las próximas horas de pura tristeza. Sus redondos ojos azules eran casi incapaces de ver por desesperación, y su voz sonaba como si estuviera lastrada por el peso de la pena.”  (1:53)

Así escribió acerca de este personaje, la escritora Irmgard Keun, quien fue su compañera sentimental durante cierto tiempo. Quizás la primera impresión que tuvo de Joseph reveló por completo para ella, lo que sería de la vida de este hombre de baja estatura, con afición a la bebida. También sabía que Roth sólo había amado a Friedl, su única esposa, quien murió a causa de trastornos mentales. Debido a eso y a que a ninguno de los dos les interesaba un nuevo matrimonio, Irmgard no quiso divorciarse del alemán con el que se encontraba legalmente casada, lo cual no impidió que viviera un par de años con Roth.

Aunque su vida no fue envidiable, también tuvo sus buenos momentos y contó con la amistad de varios personajes. Entre ellos, Stefan Zweig, con quien compartió momentos joviales como el que describe Morgenstern en uno de sus libros: “En el taxi, tuvieron ellos una apacible conversación sobre humor y chistes. Zweig recordó a Roth, como prueba del humor de Freud, que había un estudio de éste sobre el donaire que constituía una selección de chistes. Roth replicó que entender los chistes nada prueba respecto al humor, y así siguieron un rato hasta que salió el nombre de Bergson.” (2:224) Al investigar a Joseph Roth, se logra ver que algunos de los personajes de sus novelas, fueron inspirados por personas que formaron parte de su vida. Tal es el caso de El triunfo de la belleza, en esta breve novela, se ve reflejada su esposa y la enfermedad que la consumió, con sus respectivas variantes literarias. Su fallecida esposa, reaparece en otra de sus novelas, con otra apariencia. “Ella era una chica bonita, Friedl. Delgada, con piernas largas, una cara fina y una sonrisa suficiente en la boca pequeña. Pero ¿a qué describirla? Roth lo hizo puntualmente en Job. Ella es la hija de Mendel Singer, “una gacela”. Igual que Friedl, también acaba en el manicomio.” (2:190)

Además de eso, Job es una de sus más conocidas y fue la obra que le dio reconocimiento como escritor. En esta novela, él retoma al personaje bíblico, nombrándolo como Mendel Singer, efectuando prácticamente una adaptación a su época contemporánea y manifestando en ella algunas de las tribulaciones que sufrieron los judíos a causa de la persecución nazi.

Roth, no desaprovechaba oportunidad, para expresar su inconformidad y rechazo hacia las acciones tomadas por los antisemitas y, además de hacerlo en sus narraciones, lo hacía en las revistas, para las que escribía mientras se encontraba en algún país de Europa. Muestra de ello es este fragmento escrito en París, el 6 de julio de 1934.
“Desde hace diecisiete meses nos hemos acostumbrado a que en Alemania se vierta más sangre que tinta emplean los periódicos para informar sobre esa sangre. Es probable que el amo de la tinta de imprenta alemana, el ministro Goebbels, tenga más cadáveres sobre su conciencia, si es que la tiene, que periodistas a su disposición para echar tierra sobre la mayor parte de los muertos.”(3:39)

Él se había diagnosticado a sí mismo morir de locura, al igual que su esposa, aunque según algunos las causas de su muerte fueron otras. Sin embargo, corrió la misma suerte que ella, falleciendo recluido por haber enfermado psíquicamente. Murió el 27 de mayo de 1939 en París. Deseaba que en su lápida estuviera inscrita la frase del poeta alemán Heinrich Von Kleist “La verdad es que a mí no se me podía ayudar en esta tierra.” Mas su anhelo no se vio cumplido y en su tumba tan solo está un horrible bloque gris con la  inscripción:


Joseph Roth
Poète Autrichien
26-9-1894 – 27-5-1939

Su entierro fue en un cementerio “mixto” donde se admitían tanto católicos como judíos, pues en vida él no se declaró abiertamente como semita,  aunque su madre fue judía. Sus contradicciones religiosas tuvieron efectos durante su funeral, los judíos presentes estuvieron un tanto inconformes ante la presencia de sacerdotes católicos, también hubo allí comunistas y, por otro lado, monárquicos, fue un evento polémico que hubiera causado gracia al enterrado. De su vida, se sabe poco, pero por fortuna, ahora su mayoría de obras se encuentra traducida al español y en sus obras será donde se podrá conocer mejor a este novelista y periodista que se fue de este mundo sin ver muchos de sus proyectos realizados.
Ya se acerca el centenario de su muerte, pero, tal como un ebrio que olvida lo ocurrido el día anterior, en la memoria de muchos,  ha quedado olvidada la muerte de este gran escritor.

Fuentes. 
  1. Cziffra, Géza von; El santo bebedor; Acantilado; Barcelona, 2009
  2. Soma Morgenstern; Huida y fin de Joseph Roth; Pre-Textos; Valencia, 2008
  3. Roth, Joseph ; La filial del infierno en la tierra; Acantilado, Barcelona, 2004