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jueves, 8 de agosto de 2013

La impaciencia del corazón de Stefan Zweig

La impaciencia del corazón y La piedad peligrosa no son términos tan distantes entre sí. Esta novela de posguerra se ha conocido con esos dos nombres y se ajustan bien a su trama.  Me detuve un instante en el título y pensé: ¿por qué la piedad es peligrosa? La piedad,  un sentimiento noble,  surge al ver sufrimiento ajeno, pero podría tornarse en peligrosa si anteponemos las necesidades de otros, frente  a las nuestras.

La otra traducción, a mi juicio, también se adecua al contenido de la obra y aún fuera de ella, pues algunas veces existe impaciencia en relación a los sentimientos. Se sabe que los sentimientos se albergan en el cerebro, pero metafóricamente se habla del corazón al referirse a los mismos. Me pareció necesario comentar acerca del nombre de la obra, pues se la misma ha sido publicada y conocida con ambas denominaciones. La versión a comentar, en este caso, es La impaciencia del corazón.

Ya entrando en materia, puedo agregar que, ésta comparte con muchas novelas de posguerra la característica de ser poco esperanzadora respecto a la vida. Aquí se representa el caso del teniente Anton Hofmiller quien se siente atraído hacia Ilona, una hermosa joven de clase acomodada. Debido a la proximidad de uno de sus compañeros de cuartel con la familia de la chica, él recibe una invitación para cenar en su casa, la mansión Kekesfalva. Su corazón rebosa de felicidad al estar en dicha reunión, pues comen hasta la saciedad, beben vino conversan alegremente y, después,  bailan. Nuestro personaje se desliza como un perfecto bailarín con varias de las damas presentes en el banquete, pero de pronto alcanza a ver a Edith, hija del dueño de la casa, sentada junto a dos ancianas y le parece un gesto descortés no hacer la invitación a bailar, por lo cual hace la petición. Grande fue su sorpresa, al recibir tan sólo un gesto poco amable de parte de ella, el cual se transformaría en llanto amargo, sin dirigir una sola palabra al teniente. Se entera de la causa de esa reacción por boca de Ilona quien le informa que su prima, Edith, está discapacitada a causa de un inusual padecimiento.

Así empieza una serie de visitas de Hofmiller a la mencionada mansión, en las cuales va conociendo las interioridades de la familia. Si bien, al principio, sus visitas tenían como único motivo remediar su imprudencia, él llegó a acostumbrarse a esa casa y todos sus habitantes a su presencia en ella. A raíz de su cercanía con Edith, ella se enamora perdidamente. Cuando él  se entera de esto, por piedad, finge aceptar su amor e incluso llega a comprometerse sentimentalmente con ella, pero de forma un tanto secreta. Entre los anhelos de la jovencita por recuperarse de su enfermedad y la constante presencia de Hofmiller en su casa, estalla la guerra. Para el teniente, dicho acontecimiento se convierte en la forma más digna de escapar de tan penosa situación, pero a su regreso se encontró con que ella llevada por la impaciencia de su corazón, no quiso esperar ni una hora ni un día más. Fue entonces cuando comprendió que no le servía de mucho ser ahora un héroe de guerra, pues huir de un problema no es la mejor forma de solucionarlo.

jueves, 18 de julio de 2013

El baile de Irène Némirovsky

En algún lugar leí que, al nuevo rico se reconoce fácilmente por su tendencia a gastar el dinero en ostentosos objetos personales y en el vestuario. Al parecer esto se cumple en Alfred y Rosine Kampf, los padres de Antoinette, quienes ahora tienen una lujosa casa, bellamente adornada. Antes vivían en barrio pobre, pero nadie debe saberlo. La señora, por su parte, disfruta de exhibir sus costosas joyas casi todo el tiempo. El esposo es un tanto más sobrio, solo se esmera en mantener buenas relaciones con la gente poderosa. Actúan así, pues después de todo no son más que eso: nuevos ricos. Sin embargo, dada su reciente incorporación a ese mundo, todavía no son tomados como parte de la élite económica de su ciudad. Rosine, descarga su frustración contra su única hija cada vez que tiene oportunidad. La presiona para que adquiera buenos modales y refinamiento para brindar la mejor imagen ante la sociedad.
Resulta tan grande el deseo de la señora Kampf por adquirir el reconocimiento en la sociedad que la pareja decide elaborar un suntuoso baile. Las invitaciones son muchas, su lista asciende a doscientas personas. La decisión fue de la pareja en conjunto, pero la euforia la vive la señora de la casa. Sin embargo, ella no toma en cuenta que su hija, al atravesar por la adolescencia y leer esas hermosas historias de amor en los libros, anhela estar en un baile como ese.
Dada su hermosa caligrafía, la madre decide que Antoinette elabore las tarjetas de invitación. Que emocionante resulta al principio participar de cierta forma en la organización de la tertulia en su casa. Pero su entusiasmo se borra de repente cuando le informan sus padres, de forma poco amable, que ella no podrá estar en tan magno evento.
Ellos no entienden que su hija está en la adolescencia, que se ha imaginado a sí misma bailando con un apuesto joven, que ella quiere vivir la música moviendo su cuerpo con delicados pasos de los brazos de un hombre que la haga sentir como volando. Nadie se da cuenta que ella, la niña, también quiere vivir. No lo notan, en cambio, solo recibe reproches por su forma de hablar, de sentarse, de comer, quieren que ella sea una refinada jovencita casi de la noche a la mañana. Negar sus raíces, eso hay que hacer. Su padre tuvo algunos empleos de bajo rango y ellos tres vivieron en un pequeño apartamento, pero nadie tenía que enterarse de eso. Su madre le dio instrucciones para inventar un falso pasado, además tenía a una dama inglesa para darle la mejor educación y refinamiento a su dulce niña.
Una niña, sí, eso era ella para todos, solo una niña que debía estar durmiendo mientras todos estuvieran disfrutando de la fiesta. No podía soportarlo, algo tenía que hacer. Su indignación la lleva a cometer un acto que da un giro a la historia. Si tan solo alguien hubiera pensado en sus sentimientos, su pasión por ser conocida por todos como una hermosa joven ataviada con un flamante vestido y siendo conducida por el amplio salón deslizándose con perfectos pasos de baile, todo hubiera sido distinto.

miércoles, 5 de junio de 2013

"Mendel, el de los libros" Una vida en el mundo del libro.

Imagen tomada de la página web de la editorial.
Mendel, el de los libros es un título poco discreto en relación al tema; me parecía la historia de un librero y fue justo eso.
La afición a la lectura, el fugaz intercambio de conocimientos con personas extrañas y algunas otras situaciones se me hicieron familiares; por lo cual adentrarme en sus páginas fue placentero. Me identifiqué con el personaje. La Literatura suele ser un medio para revelar una diversidad de datos y, esta vez, fue usada para representar las injusticias de la vida durante la Segunda Guerra Mundial, en un breve relato.


El protagonista, Mendel,  representa, para los eruditos y estudiosos de la cultura en general un punto de referencia casi obligatorio, pues conoce de memoria, cientos de títulos y características de libros de distintos temas. Mas su ensimismamiento en el mundo del libro sería el factor que lo aislaría de la realidad; pues se mantuvo ignorante de los acontecimientos políticos y bélicos desarrollados en su entorno. Dado su largo alcance en su oficio, mantiene correspondencia con países cercanos al suyo, pero estos resultan ser «enemigos» de su país de residencia.

Se cumple aquí una vez más el aforismo popular «El león juzga por su condición», pues cuando las fuerzas castrenses, a través de sus múltiples pesquisas, interceptan algunas de sus cartas, las cuales incluyen reclamos por mercadería no recibida, las mismas son interpretadas como actos de espionaje. Esto trae como consecuencia su arresto y posterior confinamiento en uno de los campos de concentración. No obstante, debido a sus influencias en las altas esferas de la sociedad es liberado. Sin embargo, la permanencia en ese lugar cobró factura de distintas formas: el café, su antiguo lugar de trabajo, ha cambiado de administración y ahora el erudito, el catálogo humano, resulta ser incompatible con el nuevo concepto. Sufre el destierro de su mundo de tinta y papel, posteriormente enferma, ya en su última semana de vida, se asoma casi sonámbulo al café, pero es llevado de vuelta a casa para permanecer confinado y, finalmente, morir en el más oscuro de los olvidos.

martes, 28 de mayo de 2013

La destrucción de Kreshev de Isaac Bashevis Singer

Nuestra historia se desarrolla en una pequeña ciudad perteneciente a la nobleza polaca llamada Kreshev, la cual está habitada por judíos.
“Yo soy el Espíritu del Mal, Satanás, la serpiente primigenia. En los libros de cábala me llaman Samael. Los judíos a veces prefieren nombrarme como «Aquél».”

Así da inicio el relato de Isaac Bashevis Singer. Desde sus primeras líneas, puede notarse quien ejerce el poder en el en ese sitio, lo cual va en  concordancia con su título La destrucción de Kreshev. El hecho de que el demonio narre de la al texto un tono lúgubre. Cuando él habla del hombre de negocios, protagonista de la historia lo hace de esta forma: “Reb Bunim, sin embargo, tenía una hija, y las mujeres, como es sabido, traen consigo muchas desgracias.” Pese a la hermosura de la doncella, Samael se refiere a ella con un marcado tono despectivo, como si los hechos acontecidos fueran causados por la chica.

A través de sus doce capítulos la historia nos lleva por un camino de instigación, pasión, lujuria, engaño, crueldad y dolor. Vemos como el maligno hace que una hermosa joven se una en matrimonio con un hombre quien, si bien es cierto, resulta ser un tanto letrado, carece de belleza física. Dicha relación se vuelve el eje de la narración, incitando a una serie de sucesos reprobables por las autoridades religiosas del poblado. Varias de las acciones contribuyen a que, finalmente, ocurra la destrucción de Kreshev y nadie resulte satisfecho.