Mostrando las entradas con la etiqueta Robert Louis Stevenson. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Robert Louis Stevenson. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de agosto de 2013

Un paseo

Su vida era poco menos que desgraciada, al igual que la de ella; al menos así era como ambos la veían. Su posición social la forzaba mostrarse bien ante todos, ocultaba su descontento. Además, vivía a diario la nostalgia de un amor perdido hacía meses, lo cual la sumía en una profunda depresión, bien escondida tras su cordial sonrisa.

Él, por su parte, no extrañaba a ningún amor, pues sabía perfectamente reconocer el final de cualquier relación. Su decepción era otra: la existencia en sí misma. No lo satisfacía su actividad actual, al igual que las anteriores lo entusiasmó al inicio, pero acabó por aburrirle. Cuando estaba por mudar, una vez más, de actividad, la conoció a ella y entablaron amenas charlas desde el inicio. No se enamoraron, eso ya no era para ellos, descubrieron ser almas gemelas, no para estar juntos de la forma convencional, sino de otra.

Fue así como empezaron una serie de inusuales citas; visitaban asilos, hospitales, morgues, funerarias y, algunas veces, trababan conversación con los asistentes a los velorios. Dado que su relación era amistosa, en una ocasión, decidieron visitar una biblioteca y, para dejar un poco la seriedad de adultos, decidieron ir directo a la sección de libros juveniles. Así, empezaron a ver esos libros que evocaban su adolescencia; la experiencia les trajo recuerdos gratos, pues a cada minuto disfrutaban de pasearse en el lugar. Las distintas ediciones de los libros clásicos estaban a su alrededor: La isla del tesoro, Robinson Crusoe, Mujercitas, Alicia en el país de las maravillas y también los libros un tanto aventureros y futuristas, como los de Emilio Salgari, Julio Verne, H. G. Wells y otros más. Ese momento se extendió por unas horas hasta el inicio de la noche; se despidieron y quedaron en verse de nuevo.


Sus salidas eran así de atípicas, a veces sólo era una caminata por las calles; veían cada objeto del panorama,  observaban detenidamente las placas conmemorativas hechas para ciertos personajes y pensaban si realmente valía la pena ser recordados, de esa forma. Visitaron varios cementerios a la luz del día leyendo epitafios y viendo cómo adornaban las tumbas los visitantes, esto los hizo recordar el paseo del día pasado, cuando estuvieron en la biblioteca, entre lecturas juveniles. Esa tarde ambos se sorprendieron al ver que en la introducción de Los viajes de Gulliver de Jonathah Swift, se mencionaba que él mismo escribió su epitafio: “Donde la ira feroz no puede herir el corazón ya más.” Esto los hizo reflexionar, pues debía haber sufrido mucho alguien para pensar en un su propia inscripción para la lápida. Aparentemente, sólo fue un recuerdo del día pasado, pero eso los motivó a hacer un paseo más. Esta vez, viajarían junto a aficionados al paracaidismo, pero sus intenciones no eran las mismas del grupo. Al saltar del avión, todos se veían iguales, pero el equipaje de la pareja no lo era, aunque su apariencia era idéntica, el de ellos no tenía paracaídas.

viernes, 14 de junio de 2013

El ocio y la pereza. En defensa de los ociosos. De Robert Louis Stevenson.

Entiendo que ocio y pereza son diferentes, pues en mi tiempo de ocio leo algún libro o contemplo mi entorno con suma tranquilidad. Mientras que cuando tengo pereza solo cambio de posición de acostado a sentado en el mueble en que me encuentre.

Una tarde poco ocupada decidí revisar un librito de Robert Louis Stevenson titulado En defensa de los ociosos. En ese momento,  tenía una extraña mezcla de ocio y pereza o talvez sólo estaba cansado y quería una lectura suave. Esta pequeña obra de Stevenson no es precisamente de lo más famoso dentro de sus escritos y su corta extensión, casi le hace honor al tema.

Aunque ambas palabras suelen ser tomadas por iguales, difieren en cuanto a sus raíces. Al revisar su etimología, puede verse que “ocio” proviene del latín otium, reposo. Por otro lado, pereza proviene de pîgrîtîa, que a su vez deriva de pigro, perezoso. A pesar de ello, se interpretan de la misma forma la mayoría de las veces. Tanto así que existen varias traducciones del mismo ensayo, en las cuales a veces se alude a la pereza y otras al ocio.

Empecé a leer. Hubo una frase por la que me sentí acusado.

Los libros son, a su manera, beneficiosos, pero no dejan de ser un pálido sustituto de la vida. 

Fue entonces cuando recordé que la cultura general no se adquiere tan sólo sumergiéndonos en los libros uno tras otro. Sirve de poco acumular conocimiento si no disponemos de un tiempo libre para poder apreciar la vida y saber acerca de qué se ha escrito. Estar plácidamente sentado, a la sombra de un árbol, escuchando cómo circula el agua de un río viendo el vuelo de las aves puede otorgarnos un momento agradable y relajante que talvez pocos libros logren darlo.

Después de asimilar eso me encontré con otras líneas que reafirmaban el arte de vivir a través de un bien merecido descanso. Estar extremadamente ocupado, ya sea en la escuela o en la universidad, ya en la iglesia o el mercado, es un síntoma de deficiencia de vitalidad; una facilidad para mantenerse ocioso implica un variado apetito y un fuerte sentido de identidad personal.

Porque, si lo vemos de esa forma ¿qué es vivir?, ¿trabajar diez horas por día?, ¿estudiar quince horas diarias? Seguramente no.

Vivir es apreciar esos detalles que se perciben con todos los sentidos, pero que no dependen de una sistematización a través de una institución, sino buscando la forma de ver en los otros aspectos de nuestra existencia una satisfacción personal. Lo cual me hace recordar a algunos personajes de Stefan Zweig en La embriaguez de la metamorfosis, quienes asistían a labores todos los días mal dormidos, mal comidos y regresaban a casa con plomo en los ojos y con plomo en los pies. Tan solo con trabajar arduamente ellos creían haber vivido.

Según algunos puntos de vista, solo es útil a la sociedad quien está todo el tiempo ocupado en algo que produzca, ya sea dinero o méritos académicos.  Visto así, no se percibe que quienes trabajan o estudian, pero también se otorgan sus buenos momentos de ocio, pueden enfrentarse a la vida igual o mejor que quienes actúan como ratones de biblioteca o trabajan como hormigas.

No se trata de que el ocio sea malo, talvez simplemente ha sido mal interpretado, así como también ha sido tomada la lectura y las actividades laborales como fuentes de virtud. No es suficiente trabajar o estudiar para disfrutar la vida, también es necesario tener un plácido momento de ocio cada vez que sea posible.