miércoles, 24 de junio de 2020

El valor de educar. Fernando Savater.

El maestro que se presenta frente al alumno como un sabelotodo elimina el deseo de aprender. Para educar es necesaria, entre otras cualidades, la humildad. Al buscar una cita representativa del libro no me decidí por ninguna, por eso incluyo una por cada apartado, cediéndole el uso de la palabra al autor, a quien presento brevemente. Espero que disfruten de la selección de frases.

Fernando Savater nació el 21 de junio de 1947 en España, en varias universidades ha ejercido como profesor de filosofía. Su obra publicada es amplia, incluye ensayos políticos, filosóficos, literarios, piezas teatrales y narrativa. Entre otros premios, obtuvo el Premio Anagrama en 1982 con Invitación a la ética y en 2008, el Premio Planeta con La hermandad de la buena suerte. Domina el lenguaje literario y también el ensayo, siendo este el género usado en esta ocasión. Así se desarrolla El valor de educar: 


A guisa de prólogo. Carta a la maestra.
Hablaré del valor de educar en el doble sentido de la palabra «valor»: quiero decir que la educación es valiosa y válida, pero también es un acto de coraje, un paso al frente de la valentía humana.” Pág. 19.

El aprendizaje humano. “Los individuos de nuestra especie permanecen hasta el final de sus días inmaduros, tanteantes y falibles pero en cierto sentido juveniles, es decir, abiertos a nuevos saberes. Al médico que le recomendaba cuidarse si no quería morir joven, Robert Louis Stevenson le repuso «¡Ay, doctor, todos los hombres mueren jóvenes!» Es una poética verdad.“ Pág. 24.

Los contenidos de la enseñanza. “La mejor preparación técnica, carente del básico desarrollo de las capacidades morales o de una mínima disposición de independencia política, nunca potenciará personas hechas y derechas sino simples robots asalariados.” Pág. 47.

El eclipse de la familia. “Si los padres no ayudan a los hijos con su autoridad amorosa a crecer y preparase para ser adultos, serán las instituciones públicas las que se vean obligadas a imponerles el principio de la realidad, no con afecto, sino por la fuerza.” Pág. 65

La disciplina de la libertad. “Si no es el educador el que le ofrece el modelo racionalmente adecuado el niño no crecerá sin modelos sino que se identificará con los que le propone la televisión, la malicia popular o la brutalidad callejera.” Pág. 96.

¿Hacia una humanidad sin humanidades? “Es el momento de recordad que la pedagogía tiene mucho más de arte que de ciencia, es decir admite consejos y técnicas pero nunca se domina más que por el ejercicio mismo de cada día.” Pág. 111.

Educar es universalizar. “Durante siglos, la enseñanza ha servido para discriminar a unos grupos humanos frente a otros: a los hombres frente a las mujeres, a los pudientes frente a los menesterosos, a los citadinos frente a los campesinos, a los clérigos frente a los guerreros, a los burgueses frente a los obreros, a los «civilizados» frente a los «salvajes», a los «listos» frente a los «tontos», a las castas superiores frente y contra las inferiores. Universalizar la educación consiste en acabar con tales manejos discriminadores. Pág. 154.

A guisa de epílogo. Carta a la ministra. “¿Se ha dado usted cuenta, señora ministra, de que cuanto menos preparación cultural auténtica tiene alguien más dinero necesita gastar para divertirse un fin de semana o durante unas vacaciones?” Pág. 183.


Fuente: Savater, Fernando \ El valor de educar \ Ariel \ España \ 2001.





















miércoles, 17 de junio de 2020

En la tristeza pervive el amor. Elisabeth Lukas.

Todas las familias dichosas se parecen entre sí, del mismo modo que todas las desgraciadas tienen rasgos peculiares comunes.
León Tolstoi (1828-1910)
La primera frase de Anna Karenina nos ilustra que existen dos elementos comunes a las familias: la dicha y la desgracia. Pero cuando llega un momento difícil, por ejemplo al perder a un ser querido, las reacciones son distintas.


No obstante, los seres queridos abarcan más que a la familia, existen personas allegadas por las que desarrollamos afecto: amigos, compañeros de estudio, deporte, etc. Ante su pérdida sentimientos como dolor, impotencia, tristeza, angustia influyen en nuestra conducta. De una u otra forma, nos enfrentamos a una crisis.


El amor por los seres queridos permanece, sin embargo debemos desligarnos de su existencia. Es importante que aprendamos a manejar las emociones. A veces, estamos tan acostumbrados a compartir con alguien que olvidamos qué sucederá cuando ya no esté con nosotros. Lo recomendable sería prepararnos antes de su ausencia para que podamos manejar el dolor en el momento indicado. Dicho de otra forma, no hace falta perder a alguien para leer acerca del duelo.

 Las personas que han sufrido una desgracia se niegan a veces a practicar el duelo. Página 51.

Elisabeth Lukas (n. 1942) psicóloga clínica y psicoterapeuta, fue seguidora de Viktor Frankl (1905-1997) el creador de la logoterapia. En este texto, nos presenta más que un ensayo, es algo íntimo, ella misma lo indica:
 
 Este libro es el fruto del duelo de una madre. En su duelo pervive el amor por su hija fallecida. Por ello, dedico este libro a todas las madres de luto del mundo.
 
A través de sus consejos podemos obtener una herramienta para sobrellevar la situación. Nos mostrará cómo el ser humano puede desarrollar nuevas fuerzas para enfrentarse a la vida a partir de las adversidades. Las luces y sombras de la existencia misma nutren la experiencia y alimentan la sabiduría para vivir con energía cada minuto. Abandonar el dolor no implica abandonar el amor al ser querido. Nuestra vida continúa, ahora sin esa compañía, es necesario que aprendamos a decir adiós desprendiéndonos del dolor.

En la tristeza pervive el amor porque:

Sólo quien ha visto
las oscuras nubes
puede mesurar
el azul del cielo.
Hermann Traub.

viernes, 5 de junio de 2020

Carta de una desconocida. Stefan Zweig.

Una carta supone un misterio. No sabemos que alberga en su interior, pues no expresa de inmediato su razón de ser. Su contenido se resguarda dentro del papel que fue escrita y se hace proteger con un sobre. Viaja insospechadas distancias o quizás su destino sea cercano, de cualquier forma el mensaje llega contundente como una flecha.

En este relato, el destinatario es un escritor y está familiarizado con la correspondencia. El día de su cumpleaños número cuarenta y uno, ha recibido una carta que más bien parece el manuscrito de un libro. En el exterior del sobre no hay datos del remitente, husmea dentro en busca de alguna nota aclaratoria y tampoco la hay. Su curiosidad se incrementa y llega a su punto más alto cuando observa que está escrita de forma apresurada y el estilo refleja el propio de una mujer.

Un personaje de mundo y sociedad, como él, se sorprende al comprobar que se trataba de una carta anónima. La duda lo invade, pero no está decidido a leer líneas que quizás no sean para él. Aún así, existía una sola forma de averiguar el origen del manuscrito: había que leerlo. La apatía y el desgano se disiparon al ver la primera línea: “A ti, que nunca me has conocido.” Su nombre no figuraba como destinatario, existía la duda si realmente iba dirigida a él o a un ser imaginario. Pronto se enteraría del objetivo de la carta, al descubrir el significado de estas palabras:


Voy a contarte mi vida entera, esta vida mía que no empieza, realmente, hasta el día en que te vi por primera vez.

En la carta se muestra a una mujer y sus sentimientos. Las normas de de refinamiento tan solo han contribuido a que ella permanezca en el anonimato. Su nombre no importaba, sólo hacerle saber su mensaje identificándose como lo que fue para él: una desconocida.


Carta de una desconocida desde su publicación, en 1922, ha registrado adaptaciones cinematográficas en Europa, América y Asia. Es uno de los textos más famosos de Stefan Zweig (Viena, 1881 - Petrópolis, 1942), este autor profundiza en el perfil psicológico de los personajes, tanto en los ensayos históricos como en su producción literaria.















miércoles, 20 de mayo de 2020

Días sin fumar. De Vicente Verdú.


Un cigarrillo supone algo más que un hábito humeante, a veces resulta un compañero. A lo largo de la Historia, actores, pintores, políticos, filósofos, científicos y otros profesionales famosos han sido fotografiados con pipa, puro o cigarrillo. Incluso, en algunas series de dibujos animados infantiles, también fue usual ver escenas con algunos protagonistas fumando. El humo del tabaco casi no sorprende a nadie.

Los días junto al tabaco son, de cierta forma, una aventura. Pero, ¿qué le sucede a alguien cuando decide dejar de fumar? En este libro, publicado por la editorial Anagrama, Vicente Verdú (1942-2018) un sociólogo, escritor, y periodista, nos cuenta sus días sin fumar durante un trimestre.

Día a día, la decisión ante el tabaco va generando una serie de reacciones. En lo personal, las sensaciones corporales se hacen presentes, el cuerpo le avisa que hay algo ausente. Este elemento ausente, no forma parte de la alimentación, pero su carencia ha influido en su forma de comer. Existen cambios en su peso. Las vías respiratorias se muestran agradecidas, pero el sistema nervioso es como un péndulo ante su nueva forma de vida.

En su lugar de trabajo y en los alrededores, ahora empieza a percibir actitudes ya existentes, pero a las que antes no les había prestado atención. Cuando alguien se siente incómodo ante un comentario o al expresar algunas de sus ideas, toma un cigarrillo como si fuera su defensa ante esa situación. Hay una pequeña pausa en la jornada laboral, es un buen momento para que todos salgan a fumar, pero ahora que ya no fuma ¿qué hará en ese receso? Entre dos personas, uno que fuma y el que dejó de hacerlo surgen controversias tan intensas como una diferencia ideológica.

Vicente Verdú nos relata cómo el tabaco está en la vida del fumador de tal manera que marca el tiempo en su jornada. Puede ser en la hora del desayuno, del almuerzo, de la cena, antes de dormir o, ¿por qué no? en todos esos momentos. Cada instante del día se delimita con tabaco.

Para una persona que se ha mantenido alejada del tabaco, este libro es una invitación a conocer ese mundo sin encender un sólo cigarrillo. En estas páginas leerá detalles insospechados.
El fumador no lo es meramente porque consuma veinte o treinta cigarrillos diarios sino porque vive en una biológica unión con el tabaco.”
Página 90.







Imagen tomada de la página web de la editorial.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Darse a la lectura de Ángel Gavilondo


La lectura es una actividad que amerita tiempo. C. S. Lewis hace la división de lectores entre la mayoría y la minoría. Siendo los primeros quienes leen en las salas de espera y momentos similares, mientras que los otros son más entregados a la tarea. El autor de esta obra, Ángel Gavilondo se dedica a impartir la cátedra de Metafísica en la Universidad Autónoma de España. Por su parte, él considera que la lectura debe realizarse cada vez que sea posible, pues si esperamos a tener un espacio libre, sería no dedicarse a ella. Desde ese punto de vista, dicha actividad tomada en serio demanda un espacio privilegiado en la agenda.

Cada uno de los capítulos que integran este libro son las descripciones de escenas y momentos que los lectores, consagrados o no, han experimentado al tomar en sus manos un libro sea cual sea el tema y extensión del mismo. Gavilondo considera a la lectura como vida, para él siempre se lee en un tiempo de existencia.

Podemos leer para hacernos compañía, para meditar, para estar solos o, incluso para compartir con alguien. Existen muchas razones para leer y también muchas otras para no hacerlo. Quizás una de las mejores razones sería leer por placer. Puede que nuestra agenda este un poco o muy ajustada, no sabemos si nos dará tiempo de leer, pero el autor tiene un mensaje para todas las personas ocupadas:


Siempre nos falta tiempo, si entendemos inapropiadamente que la vida es un depósito que hemos de completar con actividades. Siempre las hay e importantes y siempre tendremos explicaciones para demorar un modo singular de enfrentarnos a la labro que la acción reclama. Precisamente, dado que hay mucho que hacer, no dejemos de leer.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Confesión de León Tolstoi

Lev Tolstói (1828-1910)
Esta no es una invitación para acudir a la parroquia más cercana a realizar ese acto religioso. Quizás algunos se hayan encontrado con lecturas que les revolvieron las ideas y fueron a confesarse para liberar esa carga. Si ellos se hayan liberado o no será un tema del que no se dirá nada a continuación.
Pero si el que revela sus confidencias es León Tolstói a través de un ensayo, el asunto se vuelve interesante. Su labor intelectual le hizo reflexionar acerca de la existencia, lo cual no le fue tarea fácil, pues uno de los capítulos inicia así:
En mi búsqueda de respuestas a la cuestión de la vida, experimentaba exactamente el mismo sentimiento que el hombre que se ha perdido en un bosque.
Confesión nos mostrará la sabiduría adquirida en cada una de las etapas de la vida del autor. La brevedad del texto es comparable al café fuerte. Sus párrafos son como espressos dobles. Se leen rápido, pero su efecto es poderoso y altera las neuronas.
Nacido en 1828, recibió formación académica en la Universidad de Kazán y también integró filas militares. León heredó de su padre, el conde Tolstói, la finca rural Yásnaia Poliana por lo cual pasó a administrarla. Se mostró benigno con sus obreros y les facilitó la educación. Fue un aristócrata, así que tuvo contacto con distintas esferas de la sociedad, a las que trató de integrarse sin éxito alguno debido a su pensamiento crítico.
A pesar de ser un escritor de profesión,  pone en duda incluso esta actividad porque ¿será que ser escritor convierte a alguien en poseedor de la verdad absoluta?
Las pasiones de su juventud, sus viajes, sus ansias de suicidio, los valores, la fe, las prácticas religiosas, el trabajo, la enfermedad, el sufrimiento, el engaño y otros temas controversiales de la vida son presentados aquí. Las líneas que integran el libro tienen un peso tal que, resulta difícil creer que tanto pensamiento pueda contenerse en sus páginas.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Palabras desde el limbo


Hola. Te vi reír, te vi manifestar tus expresiones de ira, te vi cuando en tu ser no había más que decepción, pero esta vez te vi llorar. Tus lágrimas simplemente brotaron, pero la causa quizás ni tú la conoces. Esa lágrima ácida pudiera representar un sentimiento más bien amargo, los deseos frustrados de tu existencia o puede ser el goteo de una auténtica tristeza Eso, talvez ni tú lo sabes, pero lo cierto es que hubo muchas lágrimas esta vez.

En este espacio tan cerrado, que no tiene oxígeno, mi percepción del entorno puede no ser tan fiel a la real, pero eso no importa mucho ahora. No me verán ustedes, no me verán los humanos, al menos no en los últimos años, pues estoy en un lugar muy lujoso que escogieron para mi estancia, sin preguntarme, como si fuera yo un objeto que almacenan en una bodega o en un terreno baldío.

Un día, vino esa persona elegantemente vestida a decirte que era lo mejor para mí, que sería un bonito recuerdo, que sería el último regalo que pudieras darme y que es lo mejor para los seres queridos. Y tú le creíste, no supiste ver que esa persona sólo quería llegar a a la cuota de ventas que la empresa le asignaba; eso no lo viste, te dejaste llevar por sus palabras endulzantes. Su experiencia en ventas hizo que te envolviera en su juego y accediste a otorgar la suma que pedía por este espacio que, para ti puede ser o pudo haberse visto lindo y especial cuando lo adquiriste, pero para mí no es más que un espacio cerrado mal oliente y, al decir verdad, lo hubiera sido en cualquier espacio que tú hubieras elegido para mí, porque ahora, al igual que hace muchos años, no podía tomar este tipo de decisiones sin la ayuda de alguien más.

Mi existencia, lejos de ser una grata compañía, se empezó a transformar en una carga. Sí, en eso me convertí en los últimos años de mi existencia, en una carga. Quizás tú no lo viste, pero así es como yo lo sentí y así es como se manifiesta ahora. Se comprueba a través de los comentarios de los visitantes, que no tienen censura alguna, cuando expresan sus comentarios lejos del grupo de familiares reunidos.

Sólo tú sabes porqué lloras tanto, ni yo lo sé. Ahora imagino que cuando ya lleve en este sitio durante varios años, vendrás cada primer día del cuarto trimestre del año a lamentarte de mil cosas y a quejarte como si yo pudiera brindarte mi ayuda. Desarrollarás monólogos propios de un actor profesional, mientras lanzas tus preguntas que no obtendrán respuesta alguna. Dejarás a mi alrededor muchas o pocas flores que perdurarán los días que el clima y el sentimiento que tú les hayas puesto lo permitan. O talvez sólo duren el tiempo que tarden los niños traviesos o los perversos revendedores en retirarlos del lugar y, con esto, haciendo que el trabajo y esfuerzo que realizaste o realizaron quede inútil y sea como si nunca hubieran decorado.

Ahora que te veo deslizar tus dedos suavemente por los pétalos de toda esa gama de flores, que ahora usas para rodearme, pienso en que pudieras haberte entregado con esa pasión a compartir tu tiempo conmigo, en lugar de buscar excusas  para evitarme. Tú llanto ahora sigue, continúa, como si buscara alcanzar una meta o romper un récord, pues a tu alrededor hay gente que está en la misma situación y ellos interrumpen su privada ceremonia para verte y compadecerse de ti. Ya no llores, ya no grites, ya no trates de darle estética a este sitio tan frío, lo que pudiste hacer conmigo no lo hiciste, en vano será tu llanto amargo y tus flores hermosas, nuestra oportunidad de compartir juntos ya pasó. Ahora sólo somos como dos átomos que están en mundos distintos, dos líneas paralelas buscando reunirse y que no llegarán a juntarse nunca, pues pertenecen a mundos distintos. Reprime tus lágrimas o déjalas fluir, esa es tu decisión, pero por mi parte sólo puedo decirte que yo ya no puedo sentir nada, porque la vida ha dejado mi cuerpo y, si tú sigues lamentándote por lo que no pudo ser, dejarás la que la tuya sólo esté en tu cuerpo como un elemento más y no la disfrutarás. Siente la vida que tienes en cada célula del cuerpo, porque yo ya no la tengo conmigo, ya no tengo nada.

Sólo puedo tener un minúsculo hálito de existencia cuando me recuerdas, cuando tu ánimo está tan decaído y tus signos vitales tan débiles que no logra decir al mundo a través de esas pantallas que aún vives. Si sólo así puedo perdurar en el tiempo, ha llegado el momento en que decidas si deseas permanecer en este estado o quieres ya despertar, porque ahora los llantos que escucho no son por mí, son por ti, son por ti ante la incertidumbre de tu existencia, estamos en una sala de hospital y no en un campo abierto.
¿Despertarás o sólo seguirás recordándome, mientras tus párpados tiemblan como si tu vista estuviera cansada de tanto leer?